Por: Miguel Pastorino

¿Es Francisco un Papa progresista? ¿Cuál es su visión sobre la relación entre fe y política? ¿Ha cambiado Francisco la doctrina del catolicismo o solo la forma de explicarla? En este artículo buscamos comprender sus énfasis y opciones a partir de su trayectoria intelectual.
Al hablar del papa Francisco, muchas son las voces que se cruzan entre el elogio y la crítica, entre la esperanza de algunos y la decepción de otros, para tratar de entender un fenómeno que no es clasificable en los esquemas ideológicos a los que estamos acostumbrados.
En este artículo nos limitaremos a dar algunas claves del pensamiento del papa Francisco para tratar de comprender con una mirada que abandone los lugares comunes, el elogio o la crítica, y cuente con otras perspectivas que ayuden a entender lo que para algunos puede resultar paradójico o confuso. Para comprender a Bergoglio no he leído mejor obra que la del filósofo italiano Massimo Borghesi, [1] que ayuda a conocer sus lecturas, influencias e itinerario intelectual.
El catolicismo como realidad extraña
En el siglo XIX, con la emergencia de las ideologías políticas, muchos comenzaron a pensar el catolicismo con las mismas categorías que un partido político. Eso ha sido un grave error que oscurece la más elemental comprensión de la fe católica.
Lo que podemos llamar izquierda y derecha (con todos los límites) tiene una historia muy breve, y el cristianismo tiene una historia de dos milenios. La doctrina social de la Iglesia (DSI), al poner a la persona y su dignidad por encima del capital, del Estado o de cualquier estructura o sistema, es imposible de amalgamar con las ideologías políticas. Por eso cuando Juan Pablo II, gran enemigo del comunismo, escribió sobre el capitalismo salvaje y contra los peligros del neoliberalismo, dejó perplejos a muchos que creían ver en él un aliado del capitalismo. Porque es doctrina del catolicismo denunciar lo que provoque injusticias, desigualdades y exclusión de los más pobres y vulnerables, sin importar cual sea el papa.
La doctrina social de la Iglesia, desde León XIII hasta nuestros días, tiene un desarrollo que no ha dejado de interpelar a quienes creían conciliar fácilmente la fe cristiana con su ideología política.
Existen católicos comprometidos en diferentes opciones políticas y en diversidad de partidos. El magisterio de la Iglesia da orientaciones generales acordes a la visión cristiana del hombre y a los valores del Evangelio, pero no consagra ninguna ideología política. Valora el legítimo pluralismo de opciones políticas y recuerda siempre los principios no negociables de la ética cristiana respecto de la defensa del bien común, de la justicia y de la dignidad humana.
Cambio en el estilo, no en la doctrina
Francisco no ha cambiado la doctrina de la Iglesia. Su estilo relajado y espontáneo ha hecho pensar a muchos que estaba cambiando la doctrina, pero no ha sido así. De hecho, ningún papa de turno puede cambiar la doctrina de la Iglesia en las cuestiones fundamentales. No funciona como otras instituciones, donde por voto de mayoría o por imposición de su máxima autoridad se pueden cambiar los contenidos de la fe. Hay una autoridad por encima del papa y es la fe recibida desde el Evangelio y alimentada por una tradición viva.
Un ejemplo conocido de esta confusión es que cuando, ante una pregunta por la homosexualidad, Francisco dijo: «¿Quién soy yo para juzgar?». Eso no es nuevo, porque el Catecismo de la Iglesia Católica(1993) manda no discriminar ni juzgar a las personas por su orientación sexual, y exhorta a acompañarlas en la fe, pero no acepta el matrimonio entre personas del mismo sexo. No hay nada nuevo.
Los que lo califican de progresista no saben qué pensar cuando este papa habla en contra del aborto o de la llamada ideología de género, no para referirse al feminismo sino a algunas teorías sobre la sexualidad humana «que la reducen a una mera construcción sociocultural».
¿Es entonces un conservador que se hace el progresista? ¿Un progresista que se cuida de no escandalizar a los conservadores? Ni una cosa ni la otra. Es católico. Podrá gustar más o menos su estilo, pero la doctrina es católica. Tal vez su falta de precisión y rigor en los pronunciamientos doctrinales, por sus opciones de lenguaje más llano y comprensible, ha creado una creciente confusión dentro y fuera de la Iglesia. Hay quienes esperan de cada opinión suya un decreto doctrinal y ese no es su modo de comunicar.
